Existe la posibilidad de que, estemos siendo consumidos por el consumo sin límites

Con el afán de crear una sociedad, las ciudades han pasado a ser una gran despensa de un hipermercado. Y es que día a día, al menos unos 10 mil mensajes publicitarios nos encaminan a adquirir cualquier artículo que en realidad no necesitamos. 

De manera inequívoca nos encontramos sumergidos en el fatal comunismo que viene alimentado de la marcada influencia que ejerce la publicidad basada en ideas falsas como esa de que sólo tendrás felicidad si adquieres determinado producto. Cuando se trata de una sociedad de consumo no se trata sólo de que sentimos una incontrolable dependencia hacia los nuevos bienes materiales en los que malgastamos los recursos, sino que además dicho consumo ha pasado a ser un elemento de gran significación social, ya que al comprar puedes mejorar tu autoestima, y con ello lograr la admiración, envidia o deseo de otros.

Y en medio de todo y de manera silenciosa, se ponen en peligro las necesidades realmente básicas ya que estas pueden cubrirse, mientras que ese deseo de alcanzar la admiración, no. 

En la actualidad y rodeados de una sociedad altamente consumista, podemos señalar tres fenómenos que la caracterizan y que cuando se juntan es cuando surge la adicción al consumo. Primero, ser adicto a comprar cosas, y ello es distinto de quienes tienen el hábito de pasar suficiente tiempo en los grandes almacenes o bien, mirando los stand con la idea de conseguir un poco de distracción y ello no se trata de compras compulsivas. 

Seguidamente, se le adiciona ese deseo de adquirir algo que no se tiene idea de que es, pero que una vez que se compra, ya no es interesante lo cual se relaciona con diversas situaciones de insatisfacción vital. Y por último, esta característica se encuentra directamente asociada con las compras compulsivas, y se trata de la adicción al crédito, que vale acotar, impide mantener un control del gasto de una forma racional.

Y sin darnos cuenta, los más vulnerables son los jóvenes 

No es que los jóvenes de otros países no sean vulnerables, sino que para los españoles por ejemplo, realizar cualquier compra es posiblemente lo más divertido que alguna ciudad puede brindarle, y en este margen se encuentran los chicos desde los dieciséis años. 

A estos les llama por demás la atención el hecho de adentrarse en los centros comerciales, es un deseo que se manifiesta de manera permanente solo con el fin de ir de compras y en consecuencia adquirir nuevas cosas, donde el grado de impulsividad en tal compra y con ello de carencia de autocontrol y responsabilidad económica resulta bastante elevado. 

En todo ello, y de acuerdo a la opinión de los expertos, siempre encontraremos a una personalidad caprichosa, donde la impulsividad más la ansiedad se presentan como la característica más relevante del adicto, además de la insatisfacción interna y la carencia de alicientes o posibles estímulos vitales no enfocados al consumismo que le conducen al tedio.